27 de julio de 2014

¿Escuchas?

¿Escuchas ahora la música que emanaba tu boca?, 
como el suspiro de una tarde lejana de domingo, 
donde miré el atardecer desde las sabanas de seda, 
donde el amor era el ancla de tus sueños de niño.

¿Recuerdas las notas ardientes y dulce de almíbar?, 
el amor que emanaba tu boca al besarme dormida, 
¿Escuchas ahora la risa que alguna vez sentí mía?, 
sonrisa que ahora descubro perdida…

¿Escuchas ahora la lluvia del pasado noviembre?
Donde alguna vez dibujaste caminos en mi vientre.
Donde alguna vez dibujaste historias casi humanas.
Saciando mi creciente deseo hasta quedar extasiada.

Respirar el aroma que emanaba tu piel de canela,
amores de guerra, historias lejanas y pieles morenas.

¿Escuchas ahora el reloj de la cuerda rota,
que dejaba de sonar cuando caía nuestra ropa?.
Construyendo nuestro pequeño paraíso perfecto,
el pequeño jardín de los poetas sin nombre,
donde todos los poemas eran escritos en tu nombre,
tatuando silenciosamente en tu piel el corto soneto,
de un amor que ahora yace desecho…

9 de mayo de 2014

Arlequín

Arlequín de sonrisa rota 
y andar errante,
buscando una alegría sentida, 
lloras en silencio por tus noches
que ahora son frías. 

Danzas entre fierros, 
con el alma dolida, 
y en un suelo que arde, 
por la esperanza dormida. 

Y en ella ya no hay vida, 
sólo tu pasión una vez perdida, 
sientes el infierno, 
por volver a la cima. 

Sin encontrar consuelo, 
he ahí tu cruel desespero, 
anhelar la muerte inminente. 
¿Es tu alma lo suficientemente fuerte?
¿Soportarla?

Puedes regresar a las filas, 
al teatro y a las rimas, 
las que alguna vez dieron vida. 
Puedes cantar nuevamente, 
las prosas de amor a la diosa, 
y adorarla. 

Alza el telón,
canta una prosa,
y entre aplausos 
de los versos macabros,
tu goza. 

Describiendo la luna, 
en la que fuiste humano. 
Más que un mimo,
que busca una rosa. 
En el cuerpo de la hechicera, 
cuya frialdad te destroza, 
y te domina. 

Durazno sus labios,
y de almíbar su vulva. 
Te seduce y te envuelve, 
un laberinto silente, 
y te pierdes. 

Tocas la gloria 
de su anhelo seguro, 
y la carne blanquecina, 
de su cuerpo desnudo, 
es prosa. 

La tocas, la sientes,
¡Vives de nuevo y es hermosa!
Curiosa jugada o destino,
te hace feliz, 
aunque estés perdido.