No de motivos, en una obvia justificación. No de los espacios que comprenden las barreras de tu mente, no del subconsciente, ni de la interpretación...sino del mero sentido de autocompasión. La falsa doble moral creada con astucia por los libertinos. Los auténticos y perseguidos. La realidad, consta sólo de un pequeño hilo muy fino de preconceptos. De vivencias y expectativas. Pero ¿dónde residen nuestras más bajas perversiones? ¿dónde moran nuestros miedos más profundos?... expandimos nuestras mentes, con nuestro propio terror a cuestas, y lo que cuesta.
Camino de un lado a otro pensando si fue real, el ruido en mi cabeza, la ausencia de sentido y el desvarío. Continuo desconectada, pero en espera de una nueva cota de liberación y entonces escribo:
Por mil noches miré al vacío,
él que ha estado conmigo,
a la hora fija del desvarío,
al retar la suerte que tengo.
Demonios y fríos tormentos,
mi propia mente les ordena,
buscando el ¿que? de mi condena,
avaricia y un festín suculento.
Más osados los liberatos sean,
arrastrando el ego a un lugar oscuro,
he creado mi propio muro,
dónde los débiles fantasean.
Que absorbida su alma sea,
y se desarrolle la escena de un conjuro,
el tormento ya es seguro,
del que éste maleficio lea.
Es el sacrificio más oportuno,
los cristales y un cuerpo desnudo,
y de la cuerda ata tres nudos,
del deseo el sudor más uno.
Que del poder sea presto,
los que escrito en un pergamino,
sean los olvidados en el camino,
que se encontraron con ésto.
La imagen de un temprano sufrimiento,
de libertades y anhelos humanos,
sean los sentimientos profanos,
el fin de mi completo aislamiento.
Continuará...