Sólo 3 cigarros al día ésta vez...
Recobrando el hilo de mis ideas, los pensamientos se vuelven cada vez más persuasivos, y hasta algo inquisidores. Me reflejo somnolienta, algo iracunda pero sobre todo distraída—como de costumbre—pensando millones de cosas, recordando millones de otras, abstraída sin salir de mi cabeza. Libros en el corredor, sobre la mesa y hasta en el piso, junto hojas de papel con lápices afilados, esperando por mis letras, las que no llegan si se les busca, las que se esconden de forma brusca y desaparecen.
Doy vueltas, es verano y el calor me resulta abrasador, lo que daría por solo un poco de lluvia y su sonido arrullador. Dormida durante gran parte del día, me muevo entre mi cama y el computador, perdiendo en gran medida la noción del tiempo. Con insomnio, de nuevo el calor y el desespero. Escucho mi voz resonando en mi conciencia, cual ávido destello de ideas abrumadoras, pero persistentes en gran medida... y se supone que el abismo pasó.
La ansiedad se hace bandera de mis días, y los cigarrillos parecen no ser suficientes. Aislada y resentida de la vida y sus negros parajes, en solitario me contemplo y escurruño, reencontrandome con mis adentros...y me desconozco como nunca antes. Alzando las barreras, aumenta el vacío, la sensación de descontento y la víl autocrítica toma su cara más siniestra. Desconsuelo y desesperanza resuenan las voces, descontrol inminente.
La pérdida, no de las ideas, no de la racionalidad sino la mera naturaleza en su más claro exponente, autenticidad, alejada de cualquier restricción aparente. No son más que conductas adquiridas, entre códigos de ética dictados por las sociedades más "evolucionadas", por no decir claramente reprimidas y burocráticas, con vanos modernismos autoinflingidos por las masas menos pensantes. Instintos más bajos y miedos profundos materializados en una realidad fabricada, por el rostro de tu propio enjuiciamiento interno, dolor autoinfligido y visceral, el lado más humano de tu naturaleza.
Nunca he dado más de lo necesario, y mis sensaciones pasajeras no hacen más que recordarme el origen de todo. La necesidad de un sentido o predestinado propósito, tomarse demasiado a la ligera las cosas que resultan importantes, la frivolidad y esa constante necesidad de autocomplacencia. Cómo si nada más importara—y de hecho lo es.
Fijarse un propósito, una nueva manía, un codiciado capricho que luego de conseguido resulta desplazado a segundo lugar, dónde la constante sensación de insatisfacción absorbe todo lo demás... y de nuevo de regreso al fondo, de donde se renace con claras y reales expectativas... a lo grande.
Entonces, me detengo y pienso, que de nuevo estoy aquí, en la agonía de una indecisión y la sensación fría de que nada realmente importa, más que el valor que tu mismo le impongas.
El tiempo no es más que un circulo que regresa, prevalece pero no cambía, solo proyecta un porvenir o su prospecto diseñado por los deseos, materializados según el empeño que se le invierta. Dónde el pasado no importa, donde el presente es un camino y el futuro ya esta escrito, o al menos eso creemos algunos. Tan sencilla es la existencia, y cuanta es la frustración que ocasiona.
Continuará...
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