16 de julio de 2016

El Diablo En Tres Tiempos - (Parte III)

TERCER TIEMPO
La Mujer

Ella se detiene por un instante como si dudase sobre qué camino tomar, abstraía en el horizonte, con la mitrada vacía. Satanás se le acerca…

SATANÁS: Empieza a oscurecer, quizá usted me permita brindarle mi compañía y serle en algo útil, me tiene a sus órdenes.

ELENA: ¿Qué le hace pensar señor que necesito compañía?, agradezco mucho su oferta pero en lo único que puede usted serme útil, es en tener la amabilidad de obsequiarme un cigarrillo. 

(Se quita el velo del rostro, mostrando unos grandes ojos marrones y una negra cabellera)

SATANÁS: ¡Con todo gusto!… 

(Satanás saca de su abrigo una caja de cigarrillos y le proporciona uno a la mujer. Inmediatamente le ofrece fuego y ésta lo enciende de un sorbo bastante ansiosa)

SATANÁS: Tal vez no se fíe usted de mí completamente. No debe usted pensar mal de mis intenciones, solo soy un humilde servidor, un caballero solitario perdido en estos nuevos tiempos, justo ahora me encuentro irremediablemente “melancólico” añorando mis viejas memorias.

ELENA: Si yo dudase de sus intenciones no le hubiese aceptado el cigarrillo.  Aunque me permitiré decirle señor, que un caballero no saca de sus pensamientos a una dama en esa forma. 

SATANÁS: ¿Por desear acercarme un poco más a usted, ofreciéndole mi compañía y un suculento café a dos calles de aquí,  dejaré entonces de ser un humilde Caballero? 

ELENA: ¿Si acepto su oferta señor, dejare de ser yo una humilde dama? 

SATANÁS: Doy por entendido que es mi integridad la que está puesta duda.

(Ella da un largo sorbo al cigarro y mira a Satanás con detenimiento)

ELENA: ¡Soy una prostituta!, la gran mayoría de los hombres de esta ciudad solo se acercan a mí, por mis servicios sexuales. 

SATANÁS: ¡Vaya sorpresa!, me ha dejado usted sorprendido.

ELENA: Nadie puede imaginarse que una prostituta se atreva siquiera a pisar la entrada a la casa de Dios. ¡Yo misma no lo hubiese creído hace unos meses! pero ya ve usted… Las personas aún pueden sorprenderse. ¡Dantesco! ¿No lo cree? supongo que ya su merced no estará interesado en mí de la misma forma en la que lo estuvo hace un instante o ¿me equivoco? 

SATANÁS: ¡Tiene usted razón mademoiselle! pero no de la manera que se imagina. De verdad mi deseo es sentarme a beber  ese café que os ofrecí, y por supuesto deleitarme bajo el brillo de esta luna de noviembre, con  le moderne Magdalen… 

(Ella le sonríe con una mueca, sin siquiera percatarse de la seriedad de su interlocutor. Arroja el cigarrillo al suelo y lo pisa)

ELENA: ¡Muéstreme el camino! yo le seguiré sin dudar, así fuere hasta el fin de este mundo. 

SATANÁS; ¡Cerca señorita! ¡muy cerca!...

(Satanás le ofrece su brazo a la joven y caminan en silencio entre callejones sin almas. En menos de un corto instante llegan hasta “Caffe Magdalene” curiosamente escrito entre hilos de oro, toman placido asiento y son atendidos por un mesonero de marcado acento Alemán)



II

ELENA: Es indudable la manera en la que llevo conociendo estas solitarias calles y sus angostos callejones, cuando cada fría noche vago sin rumbo justo después de salir de esa catedral y jamás, ni por mera coincidencia he podido toparme con éste lugar. Casi podría relacionarlo con…

SATANÁS: ¿Coincidencia? No es por presumir pero estoy muy por encima de los humanos vulgares, le aseguro que soy el primogénito de una familia antiquísima. 

ELENA: Por favor, ¡se lo ruego! ahórrese esa pretensión de discurso aristócrata trillado, ya que la verdad me interesa muy poco la historia de la sangre que corre por vuestras venas. Le puedo asegurar que lo que verdaderamente ha de interesarme sobre usted señor, son esa calma y confianza que producen en mi sus palabras, algo que hace muchos años he deseado. Cierto es que de ante mano las descubro mucho más profundas que a la palabrería corriente y pre-condicionada que la jerga común y dar con un nivel de conversación que verdaderamente me entretenga, no viene dado al azar. No sólo podría relacionarlo con algo mágico sino también me deslumbra un toque de fortuna y azar, predestinación y hasta burla de esos entes que están mucho más allá de nuestra comprensión. Antes de continuar extendiéndome con mi aburrida auto filosofía, permítame presentarme como debí hacerlo. Mi nombre es Elena, no vengo de una familia que pueda presumir de un apellido, ni de oro o bienes que  posea, pero si puedo presumirme como un ser completo, abatido por los males que una vida de libertad representa, pero sin el más mínimo reparo al negarme o arrepentirme de mis decisiones.

SATANÁS: Permítame discernir, ya que conocerla profundamente y disfrutarla en tanto como se me permita es lo único que me mantiene en esta realidad de mortales. Lo que para usted es una aburrida filosofía, para mi puede resultar un toque de placer indescriptible que la inmortalidad ha sabido negarme con descaro. Para serle sincero, yo tampoco vi en usted rastro alguno de similitud con la corriente de pensamientos de esta época, podría asegurar sin duda alguna que usted Elena, no pertenece a este tiempo tan primitivo, sino a un estado mucho más elevado. 

ELENA: (Luego de carcajearse un instante), ¿Intenta usted decirme que yo soy el único motivo por el que sigue aquí? Mi señor, de que estos tiempos sean primitivos posee usted razón, pero le aseguro que no puedo pertenecer a una época distinta y aunque no me encuentre en mi mejor momento, estoy satisfecha con el rumbo que ha tomado mi vida, aunque esta no dude en brindarme los merecidos castigos por mis arrogancias.

SATANÁS: Veras Elena, lo que representas para mí en este instante, es una última prueba para “El tentador tentado” Una última jugada que me ha dejado aturdido, realmente dudo poder lograr un mero Jaque. Lo que más desea mi ser es brindarte protección, venturas, goce, poder disfrutar de las posibilidades de servirte, renunciando a mis restricciones y aplastando mi ego, renunciando a todo el poder que ahora poseo, sentirme humano, sentir. 
(Por un instante reina el silencio, mientras los que conversan se miran fijamente jadeantes)

ELENA: ¡Eres tú!… (Se aleja abruptamente)
SATANÁS: Mi nombre es Satanás, el maldito, el vencido, el desterrado, el solitario, el que hoy renunciaría a su propio...

ELENA:¡Calla oh miserable bastardo!, ¡Calla!... ¿cómo es que puedes siquiera imaginarlo? ¡Tú!, mi inspiración, el poderoso, el que logro liberarse de una insípida igualdad y se destacó por sobre todos, el más listo, el más hábil, el más hermoso… el verdadero motivo de mi rebeldía, el que me mostró la verdad del repulsivo mundo de la peor forma y al que ahora agradezco por ello. ¿Cómo es que puedes decir semejante barbaridad? Tú eres mucho más que esta simpleza, ¡tú cambiaste todo!… Debes resistir, no por mí, por ti… por ellos, los libertinos, los pecadores, los auténticos. Poetas y artistas, hechiceros y brujas, forasteros, los que crean, los que destruyen… los que descubren, por todos nosotros debes seguir firme hasta el fin de los días.

SATANÁS: ¿Pero por qué debo ser yo el que piense en ellos?, ¿por qué cuando sienten la ira de Dios temen y huyen como ratas asustadas ante su poder y me abandonan?, ¿yo no merezco también dar vuelta atrás con todo? solo tú me das la calma que necesito mujer, ¿por qué no puedo merecerme la libertad de continuar sintiendo?

ELENA: Porque perderíamos…  aspiramos a lo grande, a vencer. El renacer, ese poder. Pensaras que no tengo el nivel para decir lo que ahora digo, pero puedo asegurarte que es esa iglesia no me encontraba de rodillas. Desde que me descubrí perdida,  no he podido pensar en otra cosa más que en esa necesidad de sentir arrepentimiento o culpa. Pero mírate aquí conmigo, tu me haces renunciar por completo a esa necesidad. No voy a arrepentirme, ni aún en el día de mi partida. Me hubiese encantado tener más tiempo, tiempo para destacarme por mí misma a este mundo, pero yo ya no pertenezco a este lugar. Es la oportunidad que ahora tienes tú tienes y es  a la que estas renunciando. Puede que estés cansado de tanta docilidad en el mundo, asqueado totalmente de la obediencia, pero el placer de cuando se lucha por un ideal hasta el final es inimaginable.

SATANÁS: Eres libre. No te retendré más Elena , pero te aseguro que no veras a la muerte en mucho tiempo. Tal vez nuestros destinos se crucen nuevamente, lo más seguro que en el principio de tu gloria ¡Vete ahora!... ¡Déjame cuanto antes!.

ELENA: ¡No hagas nada!, yo debo morir, ¡Quiero morir!... No puedo pertenecer a este lugar. 

SATANÁS:Vivirás, crearas y serás grande, no necesitas de mí. 

(Una neblina llena el lugar, y la mujer queda sola en el callejón mientras desde lejos se escuchan 12 campanadas que marcan la media noche)

El Diablo En Tres Tiempos - (Parte II)

SEGUNDO TIEMPO
La Interrogante

Aparece de ponto el Arcángel Rafael, todo de blanco entre un gran resplandor. Se acerca a los diablos. Satanás sorprendido guarda silencio y se queda inmóvil observando. 

URIEL: Es uno de sus subordinados, de los que renunciaron al criterio y a la libertad. Un enemigo reconocido, un servidor y aliado de Miguel. Vayámonos, ¡vayámonos que no quiero verlo! Señor...¡Señor!

(Al no tener respuesta Uriel se va)

SATANÁS: (a Rafael) ¿Tú, aquí? 
RAFAEL: Si, soy yo… el que en un principio se llamó tu hermano. 
SATANÁS: ¿Qué haces aquí? 
RAFAEL: Es EL, quien ha mandado a buscarte Luzbel.
SATANÁS: ¡No te atrevas a llamarme así!, renuncie a ese nombre hace muchos milenios. ¿Por qué ha osado enviarte a ti a venir por mi? El maldito, el expulsado, el rebelde, el vencido. ¿Qué ha ocurrido allá arriba?, han pasado mil noches de olvido y soledad y ninguno de ustedes había venido a buscarme. Después de su victoria nadie se ha atrevido a buscar al monstruo. 
RAFAEL: Habría bajado antes, hasta EL mismo… si tan solo hubieses llamado tú. 
SATANÁS: ¿Llamarlos?, tú desvarías... ¿ pero quién te ha llamado ? 
RAFAEL: Tú mismo, Satanás. Las palabras que  has mencionado a tu compañero.  Las ha escuchado. 
SATANÁS: ¿Mis palabras? ¿y qué de lo que he dicho le ha parecido una plegaria?. Nada que sonara a arrepentimiento Rafael. Quise ser primero y soy pues primero, aunque sea en un nivel muy diferente. La monarquía del Mal es infinita e igual a la de tu señor. 
RAFAEL: No blasfemes, bien sabemos que no posees remordimiento alguno, pero se han despertado en ti recuerdos y con esos recuerdos añoranzas. Los deseos de disipar el dolor,  ese dolor es un inicio un pequeño principio de expiación… 
SATANÁS: ¡Calla!, ¡basta ya!. Se ve que en mi ausencia te has vuelvo amante de las causas perdidas. Podrías hacer de evangelizador propagandista, con tu empalagosa y burda palabrería, pero yo no soy mosca para esa miel ¡Canalla!
RAFAEL: Déjate de líos, diablo. No hablabas con esa ironía hace sólo instantes. Dios añoraba desde el momento de tu condena, las palabras que has pronunciado en tu recuerdo. Si una vez ya envió a Miguel con sus espadas de justicia, esta vez me envía a mí con mis palabras invitándote. 
SATANÁS: Miguel es un guerrero, ergo puede comprender mi violencia. Cómo debes saber, me encontraba escuchando un himno en alabanza suya, pero eso no significa nada. 
RAFAEL: Miguel será el primero en acogerte cuando vuelvas, si eso es lo que deseas. Todos lo esperan, se espera que esa añoranza tuya te encaminará a recuperar tu gloria. 
SATANÁS: El viejo señor obro siempre con demasiada prisa, antes y lo hace ahora. Acaso no soy digno de una pena tan despiadada y vil, ¿acaso no soy digno de esta piadosa condena? Dile que espere.
RAFAEL: Ironía, que solo me muestra tu angustia. ¡Escúchame! Dios sufre por ti, y no desde ahora su amor te ha esperado desde mucho antes de tu exilio.
SATANÁS: Realmente desea verme ¿por qué entonces no ha dado señal alguna enterado de ante mano de mi destino?
RAFAEL: Dios no debe y no puede dar el primer paso. 
SATANÁS:¿Si EL "no debe" por qué entonces debo hacerlo yo?
RAFAEL: Tu soberbia Satanás, te hace falta humildad. 
SATANÁS: Por si no lo recuerdas, fue EL que me creó capaz de poseer soberbia.
RAFAEL: Tu mente aún esta ennegrecida por la caída. Olvidas que te creo con un don poderoso: Libertatem. Si tú lo has transgredido para rebelarte en su contra, la culpa es tuya. Elegiste. 
No eres ignorante, sino el más cercano a la perfección, el más sabio de todos nosotros, el que más e parece a EL. 
SATANÁS: Precisamente por ello me vi obligado a superarlo. Si me hubiese hecho pobre de espíritu, como a ustedes, no habría caído. 
RAFAEL: ¿Ves cómo en tus palabras aflora tu amargura? tienes delante de ti a alguien que te ama y quiere salvarte, piensa en su dolor.
SATANÁS: ¡Falso! ¡Hipócrita! ¿acaso él puede sentir un dolor igual al mío? 
RAFAEL: ¡Él te ama!, sin dolor no hay amor Satanás ¿crees que a él no le duele la infidelidad humana, la traición a su credo? ¿crees que sin dolor hubiese mandado a su creación más hermosa a salvarlos?
SATANÁS: Conocí en persona al pobre ingenuo, hace bastantes noches ya. Mantuvimos un largo diálogo allá en el desierto de Judea, no me desagradaba del todo. Tratándome con más amabilidad de la que me esperaba, pero en vez de ofrecerme su paz,  me dio un “vade reto” y yo me hice tan atrás, que ahora me da para pensar, como rehacer el camino de regreso. 
RAFAEL: Dios seguía esperando una señal tuya, pero tú seguías ahogado en tu orgullo. 
SATANÁS: Su trillado discurso mencionaba el perdón a todos. Predicaba arduamente el perdón hacia sus enemigos ¡Yo soy el Enemigo! su deber era dar el ejemplo y ofrecerme "su perdón". 
RAFAEL: Blasfemo, su primogénito no era para ti, vino por ELLOS para salvarlos de ti. Pero en tu ambición sedujiste a Judas, y al hijo de Dios le vendiste. 
SATANÁS: Ese día también perdí una batalla. 
RAFAEL: ¡Deja de engañarte a ti mismo!, sabes muy bien que Dios en su amor no abandona, incluso a ti, que fuiste el primero en abandonarlo. Si a su dolor respondiera el tuyo, estarías salvado… 
SATANÁS: ¿Y qué espera entonces el misericordioso? ¿No soy yo acaso, dolor y no otra cosa que dolor desde el día en que fui sepultado en las tinieblas? 
RAFAEL: Te equivocas. Eres un nido de serpientes y mentiras creadas por ti mismo, para aumentar tu pena. ¿Sufres justa o injustamente? pero sin elevarte a un Dolor que te purifique. 
SATANÁS: Tus palabras, me producen un efecto extraño, no lo niego. Me siento acostumbrado a tentar a esas miserables criaturas , que no tardan demasiado en ceder. Y tú, deseas quitarme uno de mis mayores hazañas, pretendes tentarme con tus sobras.  El tentador es tentado...
RAFAEL: ¿No estás cansado ya de tentar a los débiles?, ¿no sentirías más placer en arrastrar esas mismas almas a las alturas?
SATANÁS:Sentir, ¿tu que sabes sobre eso? Precipitar hacia abajo, precipitar hacia arriba. Precipitar eternamente… de eso se trata el juego del seductor.
RAFAEL: Piensa que un solo paso de arrepentimiento puede restituirte aquella plenitud de goce, y consolar todo esa pena. 
SATANÁS: ¿Pides piedad a aquel que no conoce la piedad? ¿tan pobre esta tu Dios que tiene que pedir caridad a su mayor enemigo?
RAFAEL: Dios es la infinita prodigalidad del amor y sin embargo también es el eterno mendigo, que pide a todos la limosna de su amor. ¡Satanás ten misericordia de ti y de EL!
SATANÁS: Demasiado tarde. Él me ha fulminado, me ha reducido a cenizas, ¿No sabes acaso que mi dolor más atroz consiste precisamente en mi incapacidad de sentir aquello que tú me pides? En mi incapacidad de amar y de amarme a mí mismo. 

En ese momento las puertas de la catedral se abren, la muchedumbre sale como un rió humano. Rafael y Satanás se apartan, mientras los fieles les traspasan,  se alejan vigorizados, renacidos o al menos eso crían.

Última, sale una mujer que mira en torno suyo. Joven, bella, con un rostro pálido tapado con un velo negro. Satanás le observa y se acerca.

(Rafael oportunamente y desaparece en otro resplandor subiendo al cielo)
SATANÁS: ¿Quién es ella? 








El Diablo En Tres Tiempos - (Parte I)


PRIMER TIEMPO

Una plaza bastante solitaria da frente a una enorme catedral, siendo veintinueve de septiembre, se celebra la tan esperada festividad de San Miguel Arcángel.

Satanás se pasea de un lado a otro pensativo, meditando justo al frente de ésta. Prende un cigarro y se detiene por un segundo, pero de súbito se coloca delante de la entrada como si el cántico sacro que salía por ella lo atrajera con una seducción casi morbosa.
Se oye el coro:

Contra ducem superbiae
Sequamur hune nos principem
Ut detur ex Angi Throno
Nobis corona gloriae. 

Mientras Satanás escucha absorto los cantos de alabanza hacia aquel que lo venció, llega corriendo un diablo en su forma humana. Era Uriel. 
URIEL: ¡Mi señor!—tomando un respiro—¡Maestro! ¿Qué es lo que hace? Le buscan los nuestros allá abajo. 
SATANÁS: ¿Allá abajo? ¿pero qué quieren ahora? ¡no ves que estoy ocupado!. 
URIEL: Sí, allá abajo señor… en su reino. 
SATANÁS: Éste támbien es mi reino Uriel, está de más recordártelo “Príncipe del Mundo”
URIEL: Le desconozco maestro, ¿por qué habla con las mismas palabras que sus enemigos?
SATANÁS: ¿Te atreves a cuestionarme Uriel?
URIEL: ¡No señor! Jamás me atrevería a cuestionarlo, solo que en mi opinión me resulta “extraño”. 

(Se oye el coro nuevamente)


SATANÁS: ¡Insolente!, déjame escuchar. 
URIEL: ¿Sabe que lo que la muchedumbre de a rodillas y cabezas bajas celebra es su derrota?, y está usted aquí, escuchándolos… con un entusiasmo que me deja atónito. 
SATANÁS: ¿Desde cuándo se le permite a los discípulos cuestionar las acciones de su maestro?, ¡No!, no estas a nivel de comprender Uriel… ¿sabes acaso que el derrotado se encuentra fielmente ligado al que le derroto, casi como lo estarían dos hermanos que comparten un mismo vientre?
URIEL: ¡No, porsupuesto que no comprendo!… yo  sé, que ahí adentro los humanos se glorifican de su derrota. ¡y usted Satanás, el Gran Maestro… se detiene a escucharlos. 
SATANÁS: Uriel, la verdad te creí más listo. Comprende, si yo hubiese vencido al todopoderoso ¿se habrían levantado estas torres en mi nombre? y las masas de gente dispuestas a seguir a su señor ¿cantarían mis alabanzas? Aún vencido he ganado, mucho más de lo que buscaba justo ahora puedo asegurarte que me encuentro cada vez más cerca.
URIEL: (Pensándoselo un rato) Nunca le escuche hablar de esa manera, no creo que deba escuchar semejantes palabras.
SATANÁS: ¡La cercanía con los condenados te ha embrutecido! ¿pensaste alguna vez, en que si yo hubiese vencido a Miguel seríamos esclavos ahora mismo de la representación misma del bien? 
URIEL: No me atrevo ni a pensarlo. Esa absurda fantasía seria para mí una vil tortura. Nuestra esencia reside en lo más hondo de nuestra condición de malditos. Siendo el imperio del mal igual de basto que el del bien, usted mismo abrió nuestras mentes. 
SATANÁS: ¡Oh Uriel! Pero aún desconoces una verdad muy elemental: El infierno no es otra cosa que el paraíso al revés. Un espejo siempre refleja la parte contraría de lo que se muestra, pero sin alterar su esencia, el centro de su pequeña realidad continua intacta. Por ésto, es que nosotros aún somos hermanos de aquellos que nos vencieron, de los que se quedaron arriba. 
URIEL: Perdóneme señor, pero no puedo aceptarlo. ¿Eres tú, satanás el emperador del abismo, quien me habla? 
SATANÁS: Yo que creía que hablaba con un verdadero genio del fuego, pero ahora, lo que veo delante de mi es a un pánfilo y burdo adulador. ¿Acaso no recuerdas nada sobre nuestros primeros días? días en los que nuestra gloria y felicidad se asemejaba a la del mismo Dios ¿No has deseado nunca, aunque sea por un instante, volver a las alturas?, ¡Me siento cansado Uriel!. 

URIEL: Me confunde, será acaso, que luego de tantos milenios ¿sufre ahora de remordimiento por su rebeldía?, ¡Usted nos guío, nos enseñó, nos dio el poder para rebelarnos en contra de EL! ¿ahora añora la gloria de los primeros días? ya no es aquel que  hemos conocido y obedecido, vuelva en si maestro. Abandone de una vez éste lugar pestilente. 

(Se oye de nuevo el coro de los fieles). 


URIEL:¿No oye cómo se satisfacen exaltados del recuerdo de su vergüenza? Venga conmigo, no les escuche más. 

SATANÁS: Tú no comprendes Uriel, si hubiese en mí un verdadero arrepentimiento, ya no estaría escuchando todas las estupideces que dices, serías un digno hijo de Loki.  Por supuesto que me recibirían en brazos abiertos allá arriba. No es remordimiento, es ansiedad por los recuerdos. Recuerdos que buscan una autenticidad pérdida. Mi orgullo sigue intacto. No puedo perdonar aún a aquel que desee perdonarme a mí. No quiero servir y tengo que servir, condenado a devorar las almas de los hombres. 
URIEL: ¿Recuerdos? Pero si no es más que melancolía ¿no poseemos ya bastantes placeres? deséchelo. Vuelva en sí, y sigame a donde le llaman. 
SATANÁS: ¡Vete de una vez!, déjame sólo.