TERCER TIEMPO
La Mujer
Ella se detiene por un instante como si dudase sobre qué camino tomar, abstraía en el horizonte, con la mitrada vacía. Satanás se le acerca…
SATANÁS: Empieza a oscurecer, quizá usted me permita brindarle mi compañía y serle en algo útil, me tiene a sus órdenes.
ELENA: ¿Qué le hace pensar señor que necesito compañía?, agradezco mucho su oferta pero en lo único que puede usted serme útil, es en tener la amabilidad de obsequiarme un cigarrillo.
(Se quita el velo del rostro, mostrando unos grandes ojos marrones y una negra cabellera)
SATANÁS: ¡Con todo gusto!…
(Satanás saca de su abrigo una caja de cigarrillos y le proporciona uno a la mujer. Inmediatamente le ofrece fuego y ésta lo enciende de un sorbo bastante ansiosa)
SATANÁS: Tal vez no se fíe usted de mí completamente. No debe usted pensar mal de mis intenciones, solo soy un humilde servidor, un caballero solitario perdido en estos nuevos tiempos, justo ahora me encuentro irremediablemente “melancólico” añorando mis viejas memorias.
ELENA: Si yo dudase de sus intenciones no le hubiese aceptado el cigarrillo. Aunque me permitiré decirle señor, que un caballero no saca de sus pensamientos a una dama en esa forma.
SATANÁS: ¿Por desear acercarme un poco más a usted, ofreciéndole mi compañía y un suculento café a dos calles de aquí, dejaré entonces de ser un humilde Caballero?
ELENA: ¿Si acepto su oferta señor, dejare de ser yo una humilde dama?
SATANÁS: Doy por entendido que es mi integridad la que está puesta duda.
(Ella da un largo sorbo al cigarro y mira a Satanás con detenimiento)
ELENA: ¡Soy una prostituta!, la gran mayoría de los hombres de esta ciudad solo se acercan a mí, por mis servicios sexuales.
SATANÁS: ¡Vaya sorpresa!, me ha dejado usted sorprendido.
ELENA: Nadie puede imaginarse que una prostituta se atreva siquiera a pisar la entrada a la casa de Dios. ¡Yo misma no lo hubiese creído hace unos meses! pero ya ve usted… Las personas aún pueden sorprenderse. ¡Dantesco! ¿No lo cree? supongo que ya su merced no estará interesado en mí de la misma forma en la que lo estuvo hace un instante o ¿me equivoco?
SATANÁS: ¡Tiene usted razón mademoiselle! pero no de la manera que se imagina. De verdad mi deseo es sentarme a beber ese café que os ofrecí, y por supuesto deleitarme bajo el brillo de esta luna de noviembre, con le moderne Magdalen…
(Ella le sonríe con una mueca, sin siquiera percatarse de la seriedad de su interlocutor. Arroja el cigarrillo al suelo y lo pisa)
ELENA: ¡Muéstreme el camino! yo le seguiré sin dudar, así fuere hasta el fin de este mundo.
SATANÁS; ¡Cerca señorita! ¡muy cerca!...
(Satanás le ofrece su brazo a la joven y caminan en silencio entre callejones sin almas. En menos de un corto instante llegan hasta “Caffe Magdalene” curiosamente escrito entre hilos de oro, toman placido asiento y son atendidos por un mesonero de marcado acento Alemán)
II
ELENA: Es indudable la manera en la que llevo conociendo estas solitarias calles y sus angostos callejones, cuando cada fría noche vago sin rumbo justo después de salir de esa catedral y jamás, ni por mera coincidencia he podido toparme con éste lugar. Casi podría relacionarlo con…
SATANÁS: ¿Coincidencia? No es por presumir pero estoy muy por encima de los humanos vulgares, le aseguro que soy el primogénito de una familia antiquísima.
ELENA: Por favor, ¡se lo ruego! ahórrese esa pretensión de discurso aristócrata trillado, ya que la verdad me interesa muy poco la historia de la sangre que corre por vuestras venas. Le puedo asegurar que lo que verdaderamente ha de interesarme sobre usted señor, son esa calma y confianza que producen en mi sus palabras, algo que hace muchos años he deseado. Cierto es que de ante mano las descubro mucho más profundas que a la palabrería corriente y pre-condicionada que la jerga común y dar con un nivel de conversación que verdaderamente me entretenga, no viene dado al azar. No sólo podría relacionarlo con algo mágico sino también me deslumbra un toque de fortuna y azar, predestinación y hasta burla de esos entes que están mucho más allá de nuestra comprensión. Antes de continuar extendiéndome con mi aburrida auto filosofía, permítame presentarme como debí hacerlo. Mi nombre es Elena, no vengo de una familia que pueda presumir de un apellido, ni de oro o bienes que posea, pero si puedo presumirme como un ser completo, abatido por los males que una vida de libertad representa, pero sin el más mínimo reparo al negarme o arrepentirme de mis decisiones.
SATANÁS: Permítame discernir, ya que conocerla profundamente y disfrutarla en tanto como se me permita es lo único que me mantiene en esta realidad de mortales. Lo que para usted es una aburrida filosofía, para mi puede resultar un toque de placer indescriptible que la inmortalidad ha sabido negarme con descaro. Para serle sincero, yo tampoco vi en usted rastro alguno de similitud con la corriente de pensamientos de esta época, podría asegurar sin duda alguna que usted Elena, no pertenece a este tiempo tan primitivo, sino a un estado mucho más elevado.
ELENA: (Luego de carcajearse un instante), ¿Intenta usted decirme que yo soy el único motivo por el que sigue aquí? Mi señor, de que estos tiempos sean primitivos posee usted razón, pero le aseguro que no puedo pertenecer a una época distinta y aunque no me encuentre en mi mejor momento, estoy satisfecha con el rumbo que ha tomado mi vida, aunque esta no dude en brindarme los merecidos castigos por mis arrogancias.
SATANÁS: Veras Elena, lo que representas para mí en este instante, es una última prueba para “El tentador tentado” Una última jugada que me ha dejado aturdido, realmente dudo poder lograr un mero Jaque. Lo que más desea mi ser es brindarte protección, venturas, goce, poder disfrutar de las posibilidades de servirte, renunciando a mis restricciones y aplastando mi ego, renunciando a todo el poder que ahora poseo, sentirme humano, sentir.
(Por un instante reina el silencio, mientras los que conversan se miran fijamente jadeantes)
ELENA: ¡Eres tú!… (Se aleja abruptamente)
SATANÁS: Mi nombre es Satanás, el maldito, el vencido, el desterrado, el solitario, el que hoy renunciaría a su propio...
ELENA:¡Calla oh miserable bastardo!, ¡Calla!... ¿cómo es que puedes siquiera imaginarlo? ¡Tú!, mi inspiración, el poderoso, el que logro liberarse de una insípida igualdad y se destacó por sobre todos, el más listo, el más hábil, el más hermoso… el verdadero motivo de mi rebeldía, el que me mostró la verdad del repulsivo mundo de la peor forma y al que ahora agradezco por ello. ¿Cómo es que puedes decir semejante barbaridad? Tú eres mucho más que esta simpleza, ¡tú cambiaste todo!… Debes resistir, no por mí, por ti… por ellos, los libertinos, los pecadores, los auténticos. Poetas y artistas, hechiceros y brujas, forasteros, los que crean, los que destruyen… los que descubren, por todos nosotros debes seguir firme hasta el fin de los días.
SATANÁS: ¿Pero por qué debo ser yo el que piense en ellos?, ¿por qué cuando sienten la ira de Dios temen y huyen como ratas asustadas ante su poder y me abandonan?, ¿yo no merezco también dar vuelta atrás con todo? solo tú me das la calma que necesito mujer, ¿por qué no puedo merecerme la libertad de continuar sintiendo?
ELENA: Porque perderíamos… aspiramos a lo grande, a vencer. El renacer, ese poder. Pensaras que no tengo el nivel para decir lo que ahora digo, pero puedo asegurarte que es esa iglesia no me encontraba de rodillas. Desde que me descubrí perdida, no he podido pensar en otra cosa más que en esa necesidad de sentir arrepentimiento o culpa. Pero mírate aquí conmigo, tu me haces renunciar por completo a esa necesidad. No voy a arrepentirme, ni aún en el día de mi partida. Me hubiese encantado tener más tiempo, tiempo para destacarme por mí misma a este mundo, pero yo ya no pertenezco a este lugar. Es la oportunidad que ahora tienes tú tienes y es a la que estas renunciando. Puede que estés cansado de tanta docilidad en el mundo, asqueado totalmente de la obediencia, pero el placer de cuando se lucha por un ideal hasta el final es inimaginable.
SATANÁS: Eres libre. No te retendré más Elena , pero te aseguro que no veras a la muerte en mucho tiempo. Tal vez nuestros destinos se crucen nuevamente, lo más seguro que en el principio de tu gloria ¡Vete ahora!... ¡Déjame cuanto antes!.
ELENA: ¡No hagas nada!, yo debo morir, ¡Quiero morir!... No puedo pertenecer a este lugar.
SATANÁS:Vivirás, crearas y serás grande, no necesitas de mí.
(Una neblina llena el lugar, y la mujer queda sola en el callejón mientras desde lejos se escuchan 12 campanadas que marcan la media noche)