SEGUNDO TIEMPO
La Interrogante
La Interrogante
Aparece de ponto el Arcángel Rafael, todo de blanco entre un gran resplandor. Se acerca a los diablos. Satanás sorprendido guarda silencio y se queda inmóvil observando.
URIEL: Es uno de sus subordinados, de los que renunciaron al criterio y a la libertad. Un enemigo reconocido, un servidor y aliado de Miguel. Vayámonos, ¡vayámonos que no quiero verlo! Señor...¡Señor!
(Al no tener respuesta Uriel se va)
SATANÁS: (a Rafael) ¿Tú, aquí?
RAFAEL: Si, soy yo… el que en un principio se llamó tu hermano.
SATANÁS: ¿Qué haces aquí?
RAFAEL: Es EL, quien ha mandado a buscarte Luzbel.
SATANÁS: ¡No te atrevas a llamarme así!, renuncie a ese nombre hace muchos milenios. ¿Por qué ha osado enviarte a ti a venir por mi? El maldito, el expulsado, el rebelde, el vencido. ¿Qué ha ocurrido allá arriba?, han pasado mil noches de olvido y soledad y ninguno de ustedes había venido a buscarme. Después de su victoria nadie se ha atrevido a buscar al monstruo.
RAFAEL: Habría bajado antes, hasta EL mismo… si tan solo hubieses llamado tú.
SATANÁS: ¿Llamarlos?, tú desvarías... ¿ pero quién te ha llamado ?
RAFAEL: Tú mismo, Satanás. Las palabras que has mencionado a tu compañero. Las ha escuchado.
SATANÁS: ¿Mis palabras? ¿y qué de lo que he dicho le ha parecido una plegaria?. Nada que sonara a arrepentimiento Rafael. Quise ser primero y soy pues primero, aunque sea en un nivel muy diferente. La monarquía del Mal es infinita e igual a la de tu señor.
RAFAEL: No blasfemes, bien sabemos que no posees remordimiento alguno, pero se han despertado en ti recuerdos y con esos recuerdos añoranzas. Los deseos de disipar el dolor, ese dolor es un inicio un pequeño principio de expiación…
SATANÁS: ¡Calla!, ¡basta ya!. Se ve que en mi ausencia te has vuelvo amante de las causas perdidas. Podrías hacer de evangelizador propagandista, con tu empalagosa y burda palabrería, pero yo no soy mosca para esa miel ¡Canalla!
RAFAEL: Déjate de líos, diablo. No hablabas con esa ironía hace sólo instantes. Dios añoraba desde el momento de tu condena, las palabras que has pronunciado en tu recuerdo. Si una vez ya envió a Miguel con sus espadas de justicia, esta vez me envía a mí con mis palabras invitándote.
SATANÁS: Miguel es un guerrero, ergo puede comprender mi violencia. Cómo debes saber, me encontraba escuchando un himno en alabanza suya, pero eso no significa nada.
RAFAEL: Miguel será el primero en acogerte cuando vuelvas, si eso es lo que deseas. Todos lo esperan, se espera que esa añoranza tuya te encaminará a recuperar tu gloria.
SATANÁS: El viejo señor obro siempre con demasiada prisa, antes y lo hace ahora. Acaso no soy digno de una pena tan despiadada y vil, ¿acaso no soy digno de esta piadosa condena? Dile que espere.
RAFAEL: Ironía, que solo me muestra tu angustia. ¡Escúchame! Dios sufre por ti, y no desde ahora su amor te ha esperado desde mucho antes de tu exilio.
SATANÁS: Realmente desea verme ¿por qué entonces no ha dado señal alguna enterado de ante mano de mi destino?
RAFAEL: Dios no debe y no puede dar el primer paso.
SATANÁS:¿Si EL "no debe" por qué entonces debo hacerlo yo?
RAFAEL: Tu soberbia Satanás, te hace falta humildad.
SATANÁS: Por si no lo recuerdas, fue EL que me creó capaz de poseer soberbia.
RAFAEL: Tu mente aún esta ennegrecida por la caída. Olvidas que te creo con un don poderoso: Libertatem. Si tú lo has transgredido para rebelarte en su contra, la culpa es tuya. Elegiste.
No eres ignorante, sino el más cercano a la perfección, el más sabio de todos nosotros, el que más e parece a EL.
SATANÁS: Precisamente por ello me vi obligado a superarlo. Si me hubiese hecho pobre de espíritu, como a ustedes, no habría caído.
RAFAEL: ¿Ves cómo en tus palabras aflora tu amargura? tienes delante de ti a alguien que te ama y quiere salvarte, piensa en su dolor.
SATANÁS: ¡Falso! ¡Hipócrita! ¿acaso él puede sentir un dolor igual al mío?
RAFAEL: ¡Él te ama!, sin dolor no hay amor Satanás ¿crees que a él no le duele la infidelidad humana, la traición a su credo? ¿crees que sin dolor hubiese mandado a su creación más hermosa a salvarlos?
SATANÁS: Conocí en persona al pobre ingenuo, hace bastantes noches ya. Mantuvimos un largo diálogo allá en el desierto de Judea, no me desagradaba del todo. Tratándome con más amabilidad de la que me esperaba, pero en vez de ofrecerme su paz, me dio un “vade reto” y yo me hice tan atrás, que ahora me da para pensar, como rehacer el camino de regreso.
RAFAEL: Dios seguía esperando una señal tuya, pero tú seguías ahogado en tu orgullo.
SATANÁS: Su trillado discurso mencionaba el perdón a todos. Predicaba arduamente el perdón hacia sus enemigos ¡Yo soy el Enemigo! su deber era dar el ejemplo y ofrecerme "su perdón".
RAFAEL: Blasfemo, su primogénito no era para ti, vino por ELLOS para salvarlos de ti. Pero en tu ambición sedujiste a Judas, y al hijo de Dios le vendiste.
SATANÁS: Ese día también perdí una batalla.
RAFAEL: ¡Deja de engañarte a ti mismo!, sabes muy bien que Dios en su amor no abandona, incluso a ti, que fuiste el primero en abandonarlo. Si a su dolor respondiera el tuyo, estarías salvado…
SATANÁS: ¿Y qué espera entonces el misericordioso? ¿No soy yo acaso, dolor y no otra cosa que dolor desde el día en que fui sepultado en las tinieblas?
RAFAEL: Te equivocas. Eres un nido de serpientes y mentiras creadas por ti mismo, para aumentar tu pena. ¿Sufres justa o injustamente? pero sin elevarte a un Dolor que te purifique.
SATANÁS: Tus palabras, me producen un efecto extraño, no lo niego. Me siento acostumbrado a tentar a esas miserables criaturas , que no tardan demasiado en ceder. Y tú, deseas quitarme uno de mis mayores hazañas, pretendes tentarme con tus sobras. El tentador es tentado...
RAFAEL: ¿No estás cansado ya de tentar a los débiles?, ¿no sentirías más placer en arrastrar esas mismas almas a las alturas?
SATANÁS:Sentir, ¿tu que sabes sobre eso? Precipitar hacia abajo, precipitar hacia arriba. Precipitar eternamente… de eso se trata el juego del seductor.
RAFAEL: Piensa que un solo paso de arrepentimiento puede restituirte aquella plenitud de goce, y consolar todo esa pena.
SATANÁS: ¿Pides piedad a aquel que no conoce la piedad? ¿tan pobre esta tu Dios que tiene que pedir caridad a su mayor enemigo?
RAFAEL: Dios es la infinita prodigalidad del amor y sin embargo también es el eterno mendigo, que pide a todos la limosna de su amor. ¡Satanás ten misericordia de ti y de EL!
SATANÁS: Demasiado tarde. Él me ha fulminado, me ha reducido a cenizas, ¿No sabes acaso que mi dolor más atroz consiste precisamente en mi incapacidad de sentir aquello que tú me pides? En mi incapacidad de amar y de amarme a mí mismo.
En ese momento las puertas de la catedral se abren, la muchedumbre sale como un rió humano. Rafael y Satanás se apartan, mientras los fieles les traspasan, se alejan vigorizados, renacidos o al menos eso crían.
Última, sale una mujer que mira en torno suyo. Joven, bella, con un rostro pálido tapado con un velo negro. Satanás le observa y se acerca.
(Rafael oportunamente y desaparece en otro resplandor subiendo al cielo)
SATANÁS: ¿Quién es ella?
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