18 de octubre de 2015

Colisión



 I

Criaturas que viajan entre cuerdas,
varadas entre mil noches profanas,
con sus cortejos a la hora esperada,
sus ansías por aferrarse a mi pierna.


 II
El capricho es su canto a la luna,
son sus pecas mi mejor almohada,
y espero fielmente la hora dorada,
la de besar el laberinto de su runa.

 III
Espera entre sombras de aroma a chocolate,
mi nuevo anhelo es un suspiro que sale caro.
¿Sera mi deseo un horizonte más claro?
¿Sera mi castigo mi ansiedad por adorarte?

 IV
¿Yace perdida entre los condenados?
Los que perduran por generaciones,
¿Entre la magia de los rojos lacerados?
Los que reviven entre viejas canciones.

V
Por los pasillos refleja once marcas,
son las uñas aferradas en su espalda,
deseosa sonrisa de dama excitada,
son sus jugos las muestras más claras.

¿Lo es su boca la más fina lanza?
¿O lo serán sus ojos color deseo?

VI
Arriba al circulo entre sus manos que arden,
entre elementos de coordenadas presentes,
energías háganse desde ahora conscientes,
de la finalidad que hoy las estrellas pretenden.

Finales de octubre y principios de noviembre,
la linea de la vieja transición ahora se pierde,
y el destino consentirá a la bruja que aborde,
el estallido final de un orgasmo sin nombre. 

12 de octubre de 2015

Hoja 2


Reconozco espacios una vez que me pertenecían, 

alimentándome entre mi hambriento ego y la avaricia, 

son sus viciosas manos las que ahora me ansían,

desde la noche en París, soy la pequeña novicia.



¿Lo son mi alma, y lo es mi mente, 

el más deseado poder para los que apenas llegan?

¿O lo son mis venas, la energía mejor conjurada?



Mis muecas reconocen mi rencor encarnado, 

comenzar una vez más desde el principio, 

juntando los errores habidos en mi pasado, 

y transformándolos en placeres infinitos. 



Una vez más eligiendo mi destino, 

mil noches anclada en la tormenta, 

llevar esta vida de manera violenta, 

la expiación para mi alma lacerada.




Hoja 1



Hasta el Carrusel queda sólo cuándo cumple su funcion, que no es más que entretener por un corto y determinado espacio de tiempo, trayendo una y otra vez, una pequeña cota de diversión a esos diablitos pequeños que llamamos descendencia.

Al igual que lo hacen los poetas, que se esmeran en divertir a esas tristes almas que son incapaces, por si mismos, de sentir. 


¿Que tanto puedes saber sobre el significado de la vida? 
Cuando no eres más de lo que mueve tus ideas.


Tan elemental e irracional, es la respuesta... de una realidad tan distorsionada. Tantas mentes, tantas ideas, se pierden en espacios de un caos infinito. Son esclavos de sus vicios, creyéndose merecedores de unos méritos que no les corresponden.



¿Posees la voluntad suficiente para moverte y evolucionar? 
o ¿Sólo esperas que las respuestas que buscas lleguen solas?


En la guerra de las ideas, todos nos creemos merecedores y maestros supremos delo que conocemos. Aunque la realidad es que en proporciones siga siendo muy poco, tan insuficiente. Y todos estos años de conocimiento, no parecen ser nunca suficientes.
De que nos sirve filosofar sobre realidades, en universos lejanos. Resulta más que un burdo acabado de ideas, sobre como es que desearíamos que fuesen las cosas. Cuando lo real es mucho más Bizarro.


Somos adictos a la energía que nos brinda este universo.


Seguimos atados a ella conscientemente, y en nuestro delirio... nos negamos a evolucionar. Cerramos las millones de posibilidades a nuestros pies, y con ello, a no ser siquiera polvo galáctico en aquellos universos e ideas alejados del entendimiento.


Somos adictos a lo banal, a lo material, a lo terrenal...


Más los que nos descubrimos cerca de transgredir la barrera de esa realidad, poseemos la capacidad de elegir y de ver lo tangible, exactamente como lo que es: Todo lo que nos encierra en un cuerpo humano, y nos mantiene atados a esta tierra.


Yo ya estoy lejos de este mundo, y de hecho, me falta muy poco.

4 de octubre de 2015

Diván


—Puedes cerrar la puerta , no pretendo que nadie se proponga interrumpirnos— Objetó mi anfitrión de manera precisa, apartando cualquier estorbo que estuviese sobre la pequeña mesa de vidrio, la que daba justo al frente de mi Diván.

¿Cómo no agregarle un sentido de pertenencia a un objeto, si ya tan frecuentemente le visitaba?,
¿Cómo no sentenciar cómo mio, al espacio de cuero italiano color hueso dónde solía relatar tantas  de mis historias?

Mi Diván.

—¿Desde hace cuánto no duermes?—precisa pensativo, mientras toma pequeñas notas de forma esporádica. 
—133 días— y un sutil gesto de incredulidad se dibujo en su mirada. 
—Lamento decirte que eso no puede ser posible...—comentó, cómo si con tratarme cómo una persona irracional funcionaría de alguna forma— nadie puede pasar tantos días sin conciliar el sueño, incluso los pacientes más maníacos, tienen periodos prolongados de sueño. 
—Mayormente inducidos — contesté con sarcasmo— pero eso no viene al caso. 
—Cuéntame sobre ese último sueño que tuviste— Cambiando el tema cómo era de esperarse. 
—Por supuesto,—contesté ansiosa— pero cabe destacar que lo que pretendo relatarte lo soñé hace 133 días atrás. 
—¿Por qué es tan importante, de un momento a otro, contar los días?—Preguntó curioso, y era aceptable. Yo misma hubiese hecho la misma pregunta, si de por si no conociera ya la respuesta. 
—Sumar números, no es lo mismo que restarlos—Contesté, bastante segura de mi misma y de lo que iba a relatarle:

>>Escuchaba el susurro insistente de mi nombre, a través de un bosque de roble a media tarde. Aún se percibía el aroma a una fuerte lluvia, y el atardecer se escondía a mis espaldas. Caminaba descalza pero a paso firme, logrando incluso percibir la sensación del barro entre cada uno de mis dedos, y observaba cómo los insectos se alejaban a mi paso.

Ahí estaba tallada en piedra, en el espacio siguiente a una sutil cascada. La silueta de mi indulto en la desesperación. Con ojos que sólo podría describir si tuvieses la capacidad de mirar a través de lo que veían los míos. Eran tan rojos cómo la sangre, y ni por un segundo se apartaron de mi rostro. Crecía en mi, la necesidad de mirarlos con detalle, observarlos desde muy cerca. Y en muy poco tiempo, me vi completamente plantada frente a su figura. 
Me sentí desnuda delante de ese destello de deseo, cuál depredador que detalla cada espacio de su más curiosa presa.

Pero no me importo, no le hice caso a mi instinto de mirar atrás y alejarme, de hecho me acerque aún más. Buscando conocer mucho más de lo que se trataba, si no era que ya lo conocía premeditadamente, con clara conciencia de lo que se trataba.Su figura era tan quieta, tan inmutable... Sólo aguardando muy despacio, detallando nuevamente cada uno de mis espacios.

Fui directo a sus manos y no se alejo ante mi roce. las coloque sobre mi rostro y fue entonces cuando lo supe. Soló basto su pulgar abriéndose paso entre mis labios para conocer la respuesta.

—¿Que respuesta?—Interrumpió mi remembranza, sin importarle muy poco en respetar mi relato. 
—La que necesitaba—Sentencié y de súbito me puse de pie. 
—¿ A te dónde vas? Ni siquiera hemos comenzado. 
—Si, pero ya hemos terminado. 
—No entiendo absolutamente nada — Interrumpió de nuevo, con cómicos gestos de evidente molestia.

—Shhhu — y colocando el dedo indice sobre mi boca agregué— no necesito que lo comprenda, sólo que me escuche. Y ya lo hizo.

Tome mis cosas y sin mirar-hacia atrás, ni por casualidad, abandone la habilitación. Con la clara satisfacción de haber conseguido lo que deseaba.

1 de octubre de 2015

Criaturas del inframundo

Rostros macabros al filo de la noche, 
de miradas huecas cual marioneta, 
sobreviven entre la avaricia y el derroche.
en penumbras y de manera violenta.

Anclado ya el día y bien precisado, 
la tormenta se le escucha aproximarse, 
energías que buscan desplazarse, 
en un estallido ansiosamente anhelado. 

Me muevo a través de almas extrañas, 
todas absortas en una realidad distante. 

Lineas chocan a través de los espacios, 
se recrean de maneras precisas, 
recorriendo un universo sin prefacios. 
ahogando sus penas entre risas. 

Mirando en una única dirección fija, 
son sus gargantas un árido paisaje, 
es su violenta sombra un leve celaje, 
y en el bosque la corriente es ahora más fija. 

Hambrientos de rimas a belcebu se recrea, 
quien es su fiel acompañante. 

Miro a través de sus almas desnudas, 
el rastro que dejan los nuevos exiliados, 
los que deciden creerse afortunados, 
los que sobreviven en medio de charadas. 

¿Será entonces mi don un pecado? 
¿O lo sera mi necesidad de conocimiento? 
Aceptar de esta vida el merecido tormento, 
es la expiación y mi fin más preciado.