Reconozco espacios una vez que me pertenecían,
alimentándome entre mi hambriento ego y la avaricia,
son sus viciosas manos las que ahora me ansían,
desde la noche en París, soy la pequeña novicia.
¿Lo son mi alma, y lo es mi mente,
el más deseado poder para los que apenas llegan?
¿O lo son mis venas, la energía mejor conjurada?
Mis muecas reconocen mi rencor encarnado,
comenzar una vez más desde el principio,
juntando los errores habidos en mi pasado,
y transformándolos en placeres infinitos.
Una vez más eligiendo mi destino,
mil noches anclada en la tormenta,
llevar esta vida de manera violenta,
la expiación para mi alma lacerada.

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