Rostros macabros al filo de la noche,
de miradas huecas cual marioneta,
sobreviven entre la avaricia y el derroche.
en penumbras y de manera violenta.
Anclado ya el día y bien precisado,
la tormenta se le escucha aproximarse,
energías que buscan desplazarse,
en un estallido ansiosamente anhelado.
Me muevo a través de almas extrañas,
todas absortas en una realidad distante.
Lineas chocan a través de los espacios,
se recrean de maneras precisas,
recorriendo un universo sin prefacios.
ahogando sus penas entre risas.
Mirando en una única dirección fija,
son sus gargantas un árido paisaje,
es su violenta sombra un leve celaje,
y en el bosque la corriente es ahora más fija.
Hambrientos de rimas a belcebu se recrea,
quien es su fiel acompañante.
Miro a través de sus almas desnudas,
el rastro que dejan los nuevos exiliados,
los que deciden creerse afortunados,
los que sobreviven en medio de charadas.
¿Será entonces mi don un pecado?
¿O lo sera mi necesidad de conocimiento?
Aceptar de esta vida el merecido tormento,
es la expiación y mi fin más preciado.
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